martes, 2 de febrero de 2016

NECESITAMOS FUTURO


Decía Chesterton que el mundo se ha polarizado entre “progresistas” y “conservadores”. Los “progresistas” juegan a cometer errores y los “conservadores” a no corregirlos. 
Y Ese es un problema que en España vivimos cada día. Y se me ocurren dos refranes marinos para explicar la cosa. Uno dice: A barco desesperado, Dios le encuentra puerto.

Yo espero que el puerto que nos encuentre dios no sea el cementerio de países muertos.

El otro dice: A barco nuevo, capitán viejo.


Este está muy claro. Ni Pedro, ni Pablo ni Albert tienen ni puñetera idea de la complejidad de un país, pero sí pueden dar energía para realizar todos los cambios que el país pueda necesitar y que hasta el momento no se han podido corregir. 
Necesitamos futuro, cerrar el pasado y trabajar en el presente para conseguirlo.

miércoles, 27 de enero de 2016

LA DEMOCRACIA ES COSA DE PERSONAS

No salimos de un caso de corrupción y nos metemos en otro, y así vamos, de sobresalto en sobresalto. Y seguro que no se sabe ni la mitad. Hay que tener en cuenta la cantidad de años que ciertos partidos llevan gobernando... o como se diga. Andalucía, Valencia, Cataluña, Castilla, Extremadura... Sin duda las alfombras deben esconder mucha, pero que mucha, basura.
Pero no nos vamos a rasgar las vestiduras. En cuanto a corrupción, haberla hayla, en todas partes. En eso no somos diferentes.
Lo que sucede es que los españoles éramos tan ingenuos, tan novatos en estas cosas de la democracia, que creíamos que iba en serio, y suponíamos que la honradez, como el valor en el ejército, era algo que se suponía. Ese es nuestro gran desengaño. Creíamos que era algo íntimamente relacionado con la democracia; que sin honradez no hay democracia. Por eso algunos, desengañados ya, nos quieren presentar la democracia como una cuestión exclusivamente matemática. Gana la mayoría y punto. Pero se sigue estafando, engañando, robando... etc. Hemos despertado tarde y mal.
De ahí que en otros países, al menos la gente se manifiesta en las calles, sale a protestar, pues no queda otro remedio que hacerlo así. Pero nosotros estamos aborregados, y tan sólo nos mueven a protestar cuando lo hace un grupo determinado y con un fin muy concreto, que generalmente no tiene nada que ver con la democracia, ni la honradez, ni con la justicia. Como si esto de la corrupción fuera cosa de colores o de partidos. Es cosa de personas, capullos. Los golfos se esconden tras las siglas de los partidos.
Por eso, para acercarnos más a la democracia de otros países, necesitamos elecciones directas a las personas, no a los partidos.

1.- Votar directamente a nuestros representantes. A las personas, no a los partidos. Y poder pedirles explicaciones de sus actos.

2.- Votar al presidente directamente los ciudadanos. Él se apañará para formar gobierno.

3.- Separación de poderes ya. Que ningún político nombre jamás a un juez para nada. Que sea el mismo poder judicial quien nombre y controle la honradez y eficacia de sus jueces.

4.- Planes de estudios que duren decenios, por lo menos, y que no sirva para construir el imaginario colectivo ni en la escuela primaria, ni secundaria ni universidad. Léase la clásica e interesada división del mundo en buenos y  malos. Los buenos y los malos no son los partidos, son las personas.

5.- Fomentar los valores democráticos responsables y la honradez. Que no se vea como algo ajeno. 

6.- Que nadie se esconda detrás de las siglas de un partido, ni de unos colores, ni de ninguna ideología, ni de ninguna toga, ni de ningún cargo. Todo eso es puro escenario, de modo que no demos oportunidad a los golfos para que se escondan en ellos.

7.- Penas máximas a quien engañe con dinero público. Nos roba a todos, y eso debe ser considerado como delito gravísimo.

8.- Democracia con valores ya. Honradez, eficacia, transparencia, lealtad, nobleza...

Todo aquello que pensábamos, ingenuos, que iba asociado a la palabra democracia.


sábado, 16 de enero de 2016

DEMOCRACIA Y EDUCACIÓN

Después de la borrachera de entrevistas, de salir en todos los “telediarios” de todas las cadenas como el gran descubrimiento del siglo, y por tanto después de haber penetrado en las mentes de absolutamente todas las gentes del solar que aún llamamos España,  después, digo, de haber sacado un extraordinario número de diputados, para un partido con gente que nunca ha hecho nada ni tiene historia ni tradición alguna, ahora viene lo que se llama desgaste de las instituciones, que es el fin. El gusano penetró en la manzana. Ahora, poco a poco tan sólo falta joderla.
A un régimen, a una nación o país entero, se le puede destruir tal como hace la naturaleza: de forma rápida o de forma lenta. Como se sabe,  la naturaleza se reinventa una y otra vez a sí misma a base de cambios y obliga a los seres que en ella viven a reinventarse también. Ya sabemos. Lentamente es lo que llamamos erosión, o rápidamente, de forma dramática a base de erupciones volcánicas y terremotos intensos. La primera forma es la elegida hoy por Podemos y otros, la segunda es la revolución, como aquella bolchevique en Rusia, o la de Mao en China. Con sangre.
Sabiendo eso, podemos comparar una nación con la naturaleza, y por eso, para soportar los cambios en el tiempo se inventaron hace siglos las instituciones, que son las columnas que sostienen un estado.  Pues bien, estos señores han venido a erosionar las instituciones. Es pura ingeniería social, a la que tan aficionados son estos intelectuales de pacotilla, que vienen con la etiqueta de calidad de “profesores de la universidad”, hasta las cejas de alcohol politólogo, guerrilleros trasnochados de la ingeniería social. Hay un fondo anárquico en esto, no tanto socialista, sino anárquico. Y mucho afán de protagonismo. Es una enfermedad común en gentes de esa tribu, que han venido a reventar el mundo, aunque lo que hacen en realidad es ganar mucha pasta, tener poder y fama. Y de paso joder la manzana. En un país como el nuestro bien se lo van a pasar.
Ahora que están dentro, digo, comenzará pues la segunda parte de la ingeniería social, destruir las instituciones, que son a la postre, los fundamentos, los pilares que sostienen un estado. Podrá desaparecer un rey, pero habrá otro. Podrá salir un presidente, pero entrará otro. Podrá desaparecer un tribunal de justicia, pero se nombrará a otro. Las instituciones, todas, repito, son las columnas que sostienen el edifico estatal. Sin columnas esto se viene abajo. Son la defensa natural contra la inevitable erosión. El mar embravecido entra en una playa y roba la arena, pero al mismo tiempo deposita en ella una barrera de algas que servirá de muro de contención de la propia marea. El mar, tan poderoso, se pone límites a sí mismo. Los ciudadanos tenemos en  las instituciones la defensa del orden social que hace posible nuestra convivencia.
Así pues ahora viene toda una labor de desgaste, a base de críticas, de descredito, de burlas, de descubrir esos fallos que siempre hay, ese personaje corrupto (porque detrás de las instituciones hay personas, naturalmente), de reírse de todo, de prostituir todo, de  no cumplir las normas éticas y estéticas, de no aceptar un protocolo, de... ese falso... viste como quieras que todos somos libres... Etc. Con la libertad por delante, ya se sabe, las atrocidades que se han cometido y se cometerán. La gente poco a poco dejará de creer en sus instituciones porque las tomará a cachondeo, dejará de creer en su historia, dejará de creer en la ética, la estética, la moral. La gente dejará de creer. Entonces el fruto estará maduro y... caerá al suelo, como todos los frutos maduros, si no antes se la comen los pájaros
Entre tanto España se tambalee como país, los capitales comenzarán a huir. Ya lo hacen. La bolsa baja. Ya lo hace. Los inversores se largan a lugares más estables, donde el pan sea pan y el vino, vino.  Ya lo hacen. Los emprendedores irán allá donde las instituciones funcionen y los pilares del estado sean por tanto garantía de estabilidad. Ya lo hacen. Luego diremos que si sube el paro.
No nos extrañe que detrás de Podemos se encuentre el dinero de otros países, interesados en que España vaya diluyéndose en este ejercicio de ingeniería social. Irán,  Venezuela... Y vaya usted a saber quién más.
Y mientras los egoísmos, los personalismos, los orgullos personales, el ansia de poder (la mayor de las drogas), maltraten esta piel de toro, la falta de un fondo moral evidencia el problema número uno de España: la ausencia de una fuerza interior que nos cohesione. Antiguamente esa fuerza interior eran, en todas partes, la historia común y la religión. En todas partes, repito. Pero en España esas fuerzas cohesionantes llevan tiempo bajo el ataque de las tribus bárbaras. Es cosa evidente.

Y es que la democracia tiene esa condición especial que la hace hermosa...mente fuerte y débil a la vez: la libertad. Es como un bebé. Tiene una férrea voluntad de vivir, pero es delicado, y requiere delicadezas. De ahí que para vivir en democracia se haga necesaria una educación de altura, que ennoblezca al ser humano y que comprenda que la educación es la base de la ley y el orden. Sin esa condición siempre estaremos al alcance de corruptos, golfos, revolucionarios sociales, soberbios, ansiosos del poder...

viernes, 8 de enero de 2016

EL TIEMPO ENTRE ENVOLTURAS


Hasta el gorro de la política, oiga. Que si PP (Mariano tiene carita de acongojadito en las fotos) que si el PSOE (Snchz cada vez más cara de invadir Polonia) que si Podemos (cada vez más cara de... más cara), que CUP, CAP, POC, JUNts pel sí pero no revuelts, Tal vez pel No, Cadascu a la seva casa, Tres Per Quatre, Cinc Per Sis, etc. No tenim remei. Mientras en España el odio sea hereditario, no habrá manera. ¡Y punto, leches, que dije que no quería política y me desayuno con una cucharada gorda!

De lo que quiero hablar es del plástico. Los envases de plástico.

Recuerdo aquella infancia feliz, en que unos garbanzos, un trozo de carne, unos embutidos, un paquete de arroz, una pescadilla, un ¡cucurucho de pipas!... todo estaba envuelto con papel. Veo aquella resma de papel parafinado, y del otro más vasto, sobre el mostrador donde el charcutero, el tendero de lo que fuese te envolvía el asunto. Llegabas a casa y zas, lo abrías y allá estaba la suculencia de turno, recién comprada, que iba directamente al puchero, así, sin más. Rápido y seguro. ¡Nadie se ponía enfermo de nada! ¡No teníamos tiempo ni ganas de ponernos enfermos! Había que jugar mucho, subirse a los árboles, correr, saltar, el fútbol, escalar la montaña o meterte en el agujero aquel que parecía llevarte a otra parte del mundo y estabas a veinte metro de tu casa. Tiempos felices. ¿Por qué? Muy sencillo. Chssst, mírenme a los labios: no había plástico. ¡No había, leches! ¡Todo papel! Llegabas a casa lo abrías y zas, ya estaba todo allí, a la vista. O, en el peor de los casos, costaba un raaasss, y descuajeringabas el papel en un ves y no ves.

Pero ahora no. Ahora está el plástico... plástico. De la piedra al cobre, luego al bronce, luego al hierro... y de pronto, después de siglos construyendo en acero, abriendo minas, fundiendo metales, altos hornos, metalurgia, siderurgia, obreros, sindicatos y tal y... pumba, la era del plástico. A tomar viento todo. Menos los sindicatos, que ahí siguen, en la edad del hierro.

¿Y qué cogno es el plástico? me preguntas clavando tu pupila en mi pupila azul. Pues no, no eres tú. Es petróleo. ¿Y qué es el petróleo? ¿Ein? Los restos de millones de plantas y animales enterrados a muchos metros que con los millones de años se cocieron in situ transformándose en una cosa negra. Que arde.

Y ahora todo viene envuelto en plástico. Que sepan todos ustedes que nos envuelven las cosas del condumio en los restos fosilizados de millones de cadáveres.

Al principio los plásticos eran fáciles de romper. Y venía una bolsita para cada cosa como antes un papelito. Llegabas a casa y ras, rompías, o deshacías el nudo... Y esto me lo guardo para el bocadillo del niño para el cole. Que bien.
Pero ya no. Ahora los plásticos son duros, correosos, flexibles, difíciles de romper. Te agarras a uno con toda la mala milk que puedes, lo estiras, y estiras, y estiras, y aquello se estira y estira... Y el jodío no se rompe. Y tu empiezas a cagarte en los hilicos de la luz.

Entonces coges la bolsa por otro sitio, y estiras... y estiras... y estiras ¡y no se rompe!

Finalmente, cuando la sangre te bulle, cuando miras esa ensaimada que te acabas de comprar en el súper, que no puedes llegar a ella porque la bolsa de los coj... da de sí sin romperse, entonces es cuando viene la transformación. Y una leve risilla me asoma maliciosa bajo la nariz, y un jeje, jiji, jojo se deja oír en la cocina. El gato que huye por aquello de que esto no es normal... Y es cuando saco un cuchillo del cajón de la cocina, con sierra mejor, que hace más daño, le arreo un puntazo, y otro, y otro, y como disfruto oye... Y lo reviento, sale el aire a presión y lo desgarro a lo bestia como si fuese un tiburón blanco zampándose un tierno cachorrito de león marino.

Pero entre tanto, con los estirones de antes y el desgarro bestial, también la ensaimada ha sufrido la malicia de la guerra, la desesperación y el hambre. Es entonces cuando maldices, ¡y maldices! ¡¡y maldicessss!! ¡¡¡ye te cabreas, y cabreas y cabreaaas!!! ¡Y arrojas al suelo la put... bolsa, la ensaimada y la madre que los parió a todos! ¡¡¡Hijos de la gran putanaaaaaa!!!... Mabeis matao la ensaimada...

Lloro como un niño lo que no supe resolver como un hombre. Por eso ahora, amigos, llevo siempre un cuchillo en el bolsillo. ¡Una navaja de Jarbarcete! Una de aquellas que llevaban muelles y que al abrirla hacía, clac, clac, clac, clac... Muchos clac. Y asomaba una hoja medio curva, con su canalillo pa que corra la sangre... Y alaaaaaaaa, que jolgorio me doy, oigan. En cuanto llega la bolsa saco la navaja y me lio a zaaaaacas a diestro y siniestro y me quedoooo ooooohhhh como me quedoooo. Desfogadito, suave, feliz.

Pero atacan otra vez. El enemigo es tenaz. Ahora las cosas no llevan una bolsa, sino que cada objeto, u objetito, lleva su propia bolsita, y luego todos los objetos juntos llevan otra, y todos estos llevan otra con la marca, los colorines, etc etc.
¡¡Maldito sea el plástico!!

Así que me he comprado una navaja multiusos, de esas del ejercito desollador más salvaje del mundoooo... Jiiiijijijiiiiii... Unas tijerassss... ahhh sí... Una navaja con mucho filo... jejeje, una sierra... jua jua jua jua... un punzón revienta ojos... jejejeje... y unas cuantas cosas más, que no sé pa que sirven pero la consigna es destruir al enemigo. Ya no abrir. Ya no romper. Ya no desgarrar. Destruir. ¡Soy el comando destructor de plásticos más eficaz del mundoooo...!  Plástico que veo, saco la navaja y le aplico la cirugía estética inmediata. Jaaaajajajajajaaaaaa

Ustedes... ¿piensan que me estoy volviendo loco?
Nooooo chssssstttt, sólo estoy al acechooooo. Y cuando pasa una bolsa de plásticoooooo ¡¡la reviento a cuchilladas!!
Qué órgia oigan, qué desénfreno, qué maravilla ver la elástica telilla vencida, arrugada, desgarrada, desminunnffxrrfizndadaaa. Jodida, vamos.

Imagínense la suerte que hemos tenido los que vivimos tiempos antaños. Que encontramos las momias envueltas en telitas. Que al cabo de los siglos hemos podido desenvolver y encontrarnos esas momias... tan momias, ta requetemomias... Y las hemos visto allí, en sal, amojamadas, que parece que podemos cortar la carne y servirnos un bocadillo de costillas del faraón Tut Ank Amón. Que quiere decir, estoy como el jamón. No me digan que no hemos tenido suerte...
Imaginense ver las momias envueltas en plásticos...
Aaaaaaaagggggrrrrrrrrffffffff.



sábado, 5 de diciembre de 2015

EL ODIO

Ahora que estamos cerca de las elecciones y que de fondo tenemos el panorama terrorista, uno observa, lee y piensa en cuál será el motor que nos lleva continuamente a someternos a estas convulsiones y que nuestra vida no transcurra por senderos de paz y armonía que son el camino que lleva al auténtico progreso de la humanidad.
En esto del «vivo sin vivir en mí», los españoles somos expertos. Ya circula con frecuencia la frase, atribuida sin fundamento a Von Bismarck: «Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido. El día que deje de intentarlo, volverá a ser la vanguardia del mundo.»
En estos días sale a relucir todo eso que alimentan algunos todo el año para sacar provecho del asunto: el odio, el rencor y la envidia.
Todos los partidos, instituciones o personalidades célebres por cualquier motivo, sean del color que fueren, favorecen estas manifestaciones de la psique personal y colectiva y en acercarse el momento, alimentan la pasión con el fuelle de sus opiniones y manifestaciones. Todo ello no hace más que fomentar entre nosotros una de las expresiones humanas más nefastas: el odio.
A veces llega uno a pensar si realmente la frase de Von Bismark sea suya o no, nos representa mejor que nada. Cuando además, en este tiempo convulso de posibles guerras habrá gente esperando la reacción del gobierno, sea cual sea, para echarsele encima y descalificarle. Los mayores y más peligrosos enemigos de España están todos dentro.
Los españoles somos todos legionarios, somos novios de la muerte, nos gusta vivir al borde del precipicio y sentir ese latigazo morboso de la muerte cercana de nuestra civilización.
Para investigar por qué el odio es un motor excesivamente cotidiano de nuestra vida en común, no he tenido más remedio que consultar con ese compendio universal de conocimientos que es la Wikipedia. Oigan ustedes, qué claridad en el asunto. Pasen, y lean:

«El odio es un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo.
El odio se puede basar en el miedo a su objetivo, ya sea justificado o no, o más allá de las consecuencias negativas de relacionarse con él.
El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad. El odio puede generar aversión, sentimientos de destrucción, destrucción del equilibrio armónico y ocasionalmente autodestrucción, aunque la mayoría de las personas puede odiar eventualmente a algo o alguien y no necesariamente experimentar estos efectos.
El odio no es justificable desde el punto de vista racional porque atenta contra la posibilidad de diálogo y construcción común. Es posible que las personas sientan cierta aversión sobre personas u organizaciones que produzcan estabilidad, incluso ciertas tendencias ideológicas como el capitalismo o el socialismo.
El odio es una intensa sensación de desagrado. Se puede presentar en una amplia variedad de contextos, desde el odio de los objetos inanimados o animales, al odio de uno mismo u otras personas, grupos enteros de personas, la gente en general, la existencia, la sociedad, o todo. Aunque no siempre, el odio a menudo se asocia con sentimientos de enojo.

Puntos de vista filosóficos
Algunos filósofos han ofrecido muchas definiciones influyentes del odio. 
René Descartes ha visto el odio como la conciencia de que algo está mal, combinada con un deseo de retirarse de él. 
Baruch Spinoza, definió el odio como un tipo de dolor que se debe a una causa externa. 
Aristóteles ve el odio como un deseo de la aniquilación de un objeto que es incurable por el tiempo.
Por último, David Hume cree que el odio es un sentimiento irreductible que no es definible en absoluto. Consideran al odio como lo opuesto al amor.

Puntos de vista psicoanalítico
En el psicoanálisis, Sigmund Freud define el odio como un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad. La psicología define el odio como un sentimiento "profundo y duradero, intensa expresión de animosidad, ira y hostilidad hacia una persona, grupo u objeto". Debido a que el odio se cree que es de larga duración, muchos psicólogos consideran que es más una actitud o disposición que un estado emocional temporal.

Investigación neurológica
Los correlatos neuronales de odio han sido investigados con un Procedimiento fMRI. En este experimento, la gente tenía sus cerebros escaneados mientras ve fotos de personas que odiaban. Los resultados mostraron una mayor actividad en el medial circunvolución frontal, derecho, de forma bilateral en la corteza premotora, en el polo frontal, y de forma bilateral en la ínsula media del cerebro humano. Los investigadores concluyeron que existe un patrón claro de actividad cerebral que ocurre cuando las personas están experimentando el odio.

Cuestiones jurídicas
Un crimen de odio (también conocido como un "crimen motivado por prejuicios") generalmente se refiere a actos criminales, que se considera que han sido motivados por el odio de uno o más de las condiciones mencionadas. Los incidentes pueden incluir ataques físicos la destrucción de la propiedad, intimidación, acoso, abuso verbal o insulto

Curiosamente esta palabra tan antigua, procedente del latín, nunca ha dejado de ser un cultismo. Con lo abundante que es la pasión que denomina, la palabra sin embargo no lo es tanto. Quizás porque las pasiones se viven más que se dicen, o porque es muy difícil encerrarlas en palabras y se dispersan por tanto entre multitud de ellas; el caso es que la palabra odio no es ni mucho menos tan abundante como la pasión que denomina. Basta que nos fijemos en los “pecados capitales”: no figura el odio entre ellos, y sin embargo es mortífero; ninguno de los 7 le supera en capacidad de matar el alma de quien lo padece. El que más se le acerca, la envidia, sólo cuando es muy profunda cae en la profundidad de los abismos del odio.
Probablemente la diferencia sustancial entre odio e ira, es que esta última puede darse sin persona contra la que dirigirla, y sin la obsesión por destruirla; en cambio el odio necesita una persona o una colectividad a la que destruir
El odio es sin duda la pasión más destructiva, el más potente motor de las guerras; más que la ambición y que la autodefensa, sin ningún género de dudas. Si se enfrentan dos bandos: el uno con el arma del odio, y el otro sin esa arma, es evidente que a efectos tácticos el primero cuenta con una gran superioridad moral (me refiero a la moral de combate). Tener que defenderse por tanto de un enemigo que rezuma odio por todos sus poros sin responderle con odio, antes al contrario con amor, genera una inferioridad moral manifiesta. Bombardear primero con fuego y luego con bocadillos, suena a chiste.
No nos engañemos, cuando falta un fanatismo que alimente el odio al enemigo, la guerra está perdida de antemano, porque el fanático luchará hasta la última gota de sangre. Y si no se le odia, es imposible cebarse en él hasta esos extremos. Por eso muchas de las grandes guerras en cadena han tenido un carácter revolucionario, es decir que han pretendido cambiar las ideas (incluida la Revolución Nacionalsocialista, interesadamente silenciada de la que se alimentó la Segunda Guerra Mundial). Es que sin ideologías con las que fanatizarse, es imposible mover los odios colectivos.


No son, en ningún caso, nuestros sentimientos los que constituyen un peligro para nosotros mismos y nuestro entorno, sino mas bien el hecho de que por temor nos hayamos desconectados de ellos. Y es esta desconexión la que produce los accesos de locura homicidas, los atentados suicidas incomprensibles y el hecho de que innumerables tribunales no quieran saber nada sobre los verdaderos motivos de un acto criminal, con el fin de proteger a los padres del delincuente para no levantar un velo sobre su propia historia.»


miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL CANSANCIO DE SER ESPAÑOL



Una vez más, todos los enemigos dentro. Hablamos de España, claro. Los franceses nos acaban de dar un ejemplo magnífico de respuesta a la barbarie cantando su himno por las calles. Incluso en el fútbol en la GB lo han cantado. Ha sido emocionante ver a toda la clase política francesa reunida  y unida, cantando juntos su himno. Y allí, como aquí, en el parlamento hay desde la extrema izquierda a la extrema derecha. Aquí, en cambio, además de silbar el nuestro  y de que no tenemos un himno cantable (fallo garrafal), siempre hay elementos internos dispuestos a mostrar la perversión de España y lo buenos que son los criminales. Ya han salido en los medios estos pacifistas extraños, siempre atentos al sufrir de los que matan y a sentir a España como un monstruo sin alma ni cabeza, capaz de comerse a los niños en las mismas entrañas de la madre. Somos malos malasombra, somos malos de verdad... etc. Recuerden los que puedan recordar.
Los españoles lo tenemos realmente difícil. ¿Cómo unirnos contra un enemigo si hay españoles que odian a España? Siempre hay mensajeros de la paz, jipis tardíos, que no comprenden, porque tienen  ya revenida la mente de tanto odio a sus propia historia, que nosotros, con nuestras cosas  buenas y malas, como todo el mundo, estamos en Europa, y tenemos una tradición cultural que es la que nos ha traído hasta aquí y  nos ha protegido de la barbarie medieval. A pesar de los pesares de guerras, hemos llegado a la paz y concordia entre nuestras naciones. Véase la Comunidad Europea.Y que otros, de fuera, desearían que esa hegemonía que Europa ha tenido en el mundo (con su bueno y su malo) acabe para siempre y retornemos a la edad media.
Qué envidia esos países que discuten sus cosas sin discutir al país. Que difieren en el modo de hacer, o de entender determinadas políticas, pero no cuestionan su país. Que cantan su himno en momentos de gloria y lo mismo hacen cuando arrecian las balas y caen herido y muertos. Saber que uno es francés, alemán, inglés, griego, italiano, danés, noruego, sueco... Saber que perteneces a una historia y una cultura... Saber que nada ni nadie es perfecto pero que ahí seguimos... cabalgando juntos...
Qué hermosa lección aquí jamás aprendida. Y lo más extraño es que se renuevan las generaciones pero siguen pensando igual. Es una tradición que se pasa de padres a hijos o... vaya usted a saber, pero desde luego hay una escuela de aprendizaje de odio a España y lo español que funciona sin cesar y con éxito. Por lo visto el odio se transmite mucho mejor que el amor.
Eso, entre otras cosas, nos pasa por ese invento del demonio que han sido las autonomías. Autonosuyas. Cada uno de los partidos ha visto la oportunidad de hacer su propia España, o  mejor su propio país, con su propia lengua, sus propios ideales, su propio himno... España se rompió con las autonomías. Si el abuelito lo dejó todo atado y bien atado, los cordones que nos unían se rompieron cuando las autonosuyas. Mientras que alemanes y británicos se han unido, nosotros estamos siempre intentando la fragmentación y que no exista la unidad española.
La izquierda, la verdadera transmisora cultural en España desde la juventud, transmite ese odio, con la indiferencia de la derecha ocupada en sus negocios. Porque no se ven gentes de letras, filósofos o científicos que dediquen parte de su vida a hacer pedagogía en los medios de comunicación. Dominados además por eso que se llama "progresía", que es el no va más de la razón, el bien pensar y la rectitud moral. Son dueños hasta del lenguaje, y por tanto  nadie les da réplica, y los pocos que hay, los medios se encargan de presentarlos como ultras locos de atar, característicos, gente sin alma que, fíjate tú, que cosas dice este de la derechona. Y si son de la "cadena de los obispos", como se encargan muy bien de explicar, son todos unos meapilas trasnochados partidarios de la inquisición hasta cuando van a comer pipas.
Qué suerte tiene Europa de unirse y comprender cuando algo grave sucede a alguno de sus miembros. En cambio aquí, qué comprensivos, que atentos, que amorosa acogida a todo aquello que nos reviente como país.
Ser español cansa, es una lucha diaria. La próxima vez que nazca...



jueves, 22 de octubre de 2015

LA CANDIDEZ DE UN PUEBLO



Eran cosas sabidas, tanto aquí como fuera. Han estado robando y estafando a los habitantes de Cataluña, y a los españoles todos desde antes, durante y después de Franco. No es otra la forma en la que la «emprendedora Cataluña» medró a costa de todos los españoles. Y les dejaron, para que alguna región fuera la máquina de tren que tirara de la economía. Ellos y los vascos, porque lo demás, realmente, era un coto privado de caza para señoritos que vivían de las rentas de sus aparceros. Es la triste realidad.
Pero se lo creyeron. Llegaron a pensar que el mundo no se mueve, y que sólo ellos contaban el paso de los años al ritmo de sus millones. Y se acostumbraron a esa forma de ser y estar y en esas que les sorprendió la democracia, y los partidos políticos, y... el siglo XXI
Demasiado tiempo han estado tapándoles por cuestiones de votos. Y ellos, una vez más se han sentido importantes, y no sólo eso, también poderosos. Tanto como para llevar adelante ese delirio febril de la independencia. Somos tan ricos, tan listos, tan guapos, tan modernos y tan poderosos que no os necesitamos. Sois un lastre para nosotros. Sin vosotros esto sería el paraíso terrenal. Aquí ataríamos los perros con longanizas. De Vich y de Olot, claro.
Y cuando las reglas del juego, por esas cosas del caprichoso politiqueo se hacen más claras, sale a la luz toda la «merda» que hay dentro del vaso donde se desenvuelve la realidad política catalana. Andaba todo revuelto, pero en cuanto dejamos reposar un poco, los posos que quedaron en el fondo, son negros, muy negros, copiosos y muy contaminantes.
Se veía venir. Todo el mundo lo sabía. Ya digo, dentro y fuera. Pero... las conveniencias...
En todas las familias hay garbanzos negros. No vayamos por tanto a rasgarnos las vestiduras. Son muchos, y no sólo los catalanes, los que deberían dar cuenta de esto, y de mucho, muchísimo más. Y es una oportunidad que tienen los jueces para limpiar a fondo la clase política, o estamos perdidos. O funciona ejemplarmente la justicia, pilar primero del tinglado del estado democrático, o el barco hace aguas y se hunde. Aunque a ellos, a los que dirigen, les daría igual. Ellos siempre tienen recursos en Andorra, o en cualquier otro sitio. Pero a los demás no.
Y si Cataluña se ha convertido en la «cosa nostra» de esta parte del Mediterráneo, qué hay que decir de ese pueblo que allá vive, el mal llamado pueblo catalán, que ha tragado con disparates tan grandes, políticas tan atroces, filosofías increíbles, ya no solo nazis, sino paranoicas, esquizofrénicas. La política lingüística, el prohibir rótulos en castellano, la gente dispuesta a chivarse al poder, la bajeza moral de todos esos delincuentes de tres al cuarto y las familionas  esas de toda la vida alrededor del Palau (oh, qué gran palabra, tan versallesca ella), donde resplandecer sus  joyones, donde darse un baño de mundología privilegiada, donde poder gozar del poder y el estatus... Sabiendo todos que ordeñaban mal las ubres de una sociedad entera. Vaya pueblo el catalán.  Vaya ciudadanos esos dos millones de paletos que vitoreaban a una Cubaluña rica a base de robar. Y lo que se habrán reído de ellos los capitostes de la mafia catalana.
Siempre ha habido devotos, paletos y ciegos entregados a cualquier causa. El género humano es así. Ya pasó con los nazis, con la URSS, y sigue pasando en Corea del Norte. Ya no hay personas, sino robots, seres humanos con el cerebro lobotomizado, incapaces de hacer otra coas que alabar al líder y responder con su vida, alma y corazón a cualquier propósito y ocurrencia del gracioso líder de turno.
Suerte han tenido los catalanes que estamos lejos de aquello, pero...  le han visto y sufrido en sus carnes la persecución política por hablar castellano, español. Y así han llegadlo a los ayuntamientos trastornados antiespañoles dispuestos a hacer desaparecer todo vestigio de la historia y la cultura. Me parece del todo imposible, pero viendo la candidez de los catalanes... cualquier cosa podría haber pasado.
Faltó poco para que los españoles de allá llevaran en la manga cosida una bandera española, a modo de la estrella de David de los judíos en la época nazi, para que sirvieran de mofa y escarnio en todas partes.
Y esto en la culta Cataluña. En el siglo XXI. Qué vergüenza para todos aquellos. Esas mujeres mayores, esos hombres con canas, esa juventud recién salida del cascarón manifestando tanto odio a su propio país. Y todo porque los politiquillos de allá, han querido hacer de aquella otrora rica región, un escenario de película de la cosa nostra. Su paraíso particular.
No es tan admirable la codicia de los mandamases como la candidez de aquel pueblo.

Va siendo hora de despertar y exigir responsabilidades, y que el peso de la ley (ay, que expresión) caiga sobre todos los responsables.