jueves, 31 de julio de 2014

DE LOS LÍDERES

Liderar o ser liderado, he ahí la cuestión.

Los animales que viven en libertad (salvajes, tiene mala connotación) juegan de pequeños entre ellos, prueban sus fuerzas, valentía y decisión y aprenden de esta forma cuál va a ser su posición dentro del grupo al que pertenecen. Los más activos serán los líderes y los segundos el pueblo que camina junto al líder por los caminos que el bienestar y el sentido común aconsejen. No hay líder sin pueblo ni pueblo sin líder.  El líder es el que toma las decisiones, se supone que buenas, para la supervivencia del grupo y sabe aprovechar los valores de cada uno para la comunidad.

Hay buenos líderes y malos, evidentemente. El liderazgo es tan común a la humanidad como al resto de animales, de modo que  luchar contra ello es poco menos que una pérdida de tiempo; es ir contra natura; es algo que nos va en los genes y no podemos ni debemos evitar, simplemente debemos procurar buenos líderes, como procuramos buenos ciudadanos, buenos artesanos o buenos médicos. Y esta es la cuestión.

La cultura llamada «progresista», que en la escuela fiel reflejo de los valores sociales se ha extendido durante decenios, decía a los niños,  por maestros convencidos y bien pensantes, que la competitividad era mala. Que los niños compitieran por ser el mejor en fútbol, o en dibujo o en lectura, o en lo que fuera, no estaba bien visto, porque en la cultura «progresista» la igualdad es más sagrada que la libertad, el esfuerzo o el deseo de superación. Pero como no es posible igualar por arriba, se iguala por abajo. De ahí la insistencia en lo malo que es la competitividad. Pero lo cierto es que una sociedad, o tan solo un grupo de personas sin líderes, se viene abajo, porque no hay objetivos, ni unión, ni ánimos, ni capacidad de esfuerzo, ni orden, ni preferencias, ni firmeza… Los grandes imperios han caído muchas veces porque los líderes que los sustentaban dejaron de serlo. Seguramente cuando nuestros ancestros salieron de África en busca de mejores condiciones de vida, lo hicieron guiados por líderes, que fueron los que dieron al grupo las estrategias de supervivencia y los objetivos y ánimos necesarios para hacerlo. Sin ellos no estaríamos aquí.

Ser líder es algo natural. Vaya usted a saber qué parte se explica mediante la ciencia y qué parte se explica por la cultura. El caso es que hay gente cuya tranquilidad, o lucidez, o buenas ideas, o sentido común, o simplemente la vehemencia con que defiende unos ideales provoca en los demás un corrimiento de estatus poniendo a ese individuo el primero entre ellos.

¿No se debería en la escuela,  esa primera lección en el libro de la vida en sociedad, fomentar el buen liderazgo? Puesto que es algo inevitable y natural, ¿no sería deseable que los líderes fueran mejor elegidos por sus méritos de honradez, capacidad de trabajo, ilusión contagiosa, ponderación y todos esos elementos deseables en una buena persona o un buen líder? ¿No se debería desde la escuela fomentar esa visión de los líderes? Fuera demagogias, fuera fuerza bruta, fuera maldad sibilina, fuera egoísmo… Muchachos, el buen líder ama a la gente, y quiere el bien para ella. Se pone al servicio de los demás con su liderazgo. A los líderes se les reconoce por su forma de enfrentarse a la vida: con nobleza, con valentía, con decisión, con orden en las ideas, templando el corazón. Un mentiroso o un estafador no  pueden ser líderes. Hay que distinguir. Al líder, primero se le reconoce; después, tal vez, se le elija. En nuestros partidos políticos no es así, por eso ocurre lo que ocurre con todo. Tenemos la alfombra nacional llenita de basura escondida y esperando los buenos lideres que comiencen la limpieza, porque la honradez, esa virtud del buen líder, es la gran ausente en la fiesta de la política Made in Spain. Ya somos un país de golfos. Olé. Y no podemos exportar. Oh, porras.

Los viejos nativos americanos, vemos en las películas que eligen siempre a un grupo de ancianos para dirigir al pueblo. Sabia elección en aquellos entonces. El viejo era al menos un protector de los suyos; ya había pasado por la experiencia de tener hijos y cuidarlos, y sabía de peligros y complicaciones, y la edad le daba una visión amplia del mundo y sus cosas, además de saber dónde estaban las mejores praderas para pasar el invierno o los mejores bosques para el verano. También las elefantas lo hacen, como es sabido, y otros muchos animales. Nosotros, en cambio, nos dejamos seducir por jovencillos vehementes, guaperillos de televisión, más deseosos de lucimiento y pasta, de fama y protagonismo que de ser realmente útiles a la comunidad. Nuestro concepto de líderes debe cambiar. Deben pasar un mejor examen y, por supuesto, desde pequeños nos hemos de acostumbrar a ser honestos si queremos manejar el mundo. Es la primera condición del líder.

Así pues, dejar que en el colegio los niños se agrupen para hacer trabajos, y que de entre ellos salga alguien con la capacidad de ordenar el grupo sería un buen ejercicio en el que debería valorarse no tanto el resultado del mismo como el ejercicio de agruparse y ordenarse alrededor de un líder. Y que cada niño pueda tener repetidas experiencias y oportunidades a lo largo del curso con distintos grupos, y que en cada uno fuera poniéndose en su lugar y conociéndose a sí mismo, no para conformarse, sino para luchar para ser más y mejor. Es lo que se llama superación. No debe reprimirse, pues.
En las grandes empresas, por ejemplo, se fomentan los líderes. Son los que transmiten las ideas, la sangre, la energía, la voluntad por mejorar, el empuje vital necesario para crear y ser competitivos. La ilusión. No es mala idea. Una buena empresa tiene buenos líderes, forzosamente. Y todo en la vida es empresa.

En España, cuyo retraso cultural en esta materia por culpa de la demagogia y las falsas pedagogías, como en otras,  es patente, nos han salido unos líderes políticos tan nefastos,  que no han hecho más que retraer y complicar el desarrollo social. Lo han corrompido todo. Son todo lo contrario de un líder. Y en la vida esta que llevamos, no dar un paso adelante, es darlo hacia atrás, porque el tiempo corre y nos pasa y atropella, porque todavía no tenemos el pasado claro, ni el presente, ni, mucho menos, el futuro. Hay países que al menos el pasado lo saben, o al menos no reniegan de él; el presente… pues ahí están, en la lucha; y el futuro… se gana ahora. Nosotros andamos perdidos en el tiempo, confundiendo conscientemente nuestros líderes el pasado con el presente y entorpeciéndonos a todos el futuro. No tenemos buenos líderes. Está claro.

Estas frases sacadas de Internet nos dicen algo de lo que puede ser un líder. En estos tiempos de escritura breve vienen bien para captar la idea del liderazgo. Dicen así:

Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo». Esta es una cuestión que tenemos a diario, habiendo creado escuela y, tanto de un signo político como del otro son innúmeras las “irregularidades” de todo tipo cometidas. Cada día nos despertamos con un nuevo caso de corrupción.

.«Muchas personas tienen poder, pero pocos tienen poder para llegar a las personas; esos son los verdaderos líderes». Los líderes que no son de izquierdas, en España tienen verdadera incapacidad para llegar a la gente y encantarla con sus propuestas. No hay batalla de ideas. Desde el punto de vista ideológico, solo la izquierda existe.

.«Un hombre con ideas es fuerte, pero un hombre con ideales es invencible». Que se lo digan a nuestros políticos que han sido presidentes estos años. El menos capaz, pero que aparenta ideales, se lleva a la tropa de calle.

Líder no es mandar, es saber servir y dirigir a los demás con propósito y amor». El propósito en estos lares es el poder, para torcer la sociedad a su gusto y seguir sirviéndose de ella para mantener el poder… Y así sucesivamente.

.«Un líder es el menos conformista de un grupo». Si esto es así, en España no hay líderes, salvo aquellos Podemos, por ejemplo, que adornan su ideología de control total de la población con el inconformismo sobre la política de derechas o izquierdas. Desde el punto de vista del líder, el jefe de Podemos es bueno porque es un hábil negociador de esperanzas, como en su tiempo lo fue Felipe González. Aunque luego pasó lo que pasó.

Y para terminar un buen consejo para los profes, y no profes, que fomenten el buen liderazgo:

.«Las tres C del liderazgo son Consideración, Cuidado y Cortesía. Sea educado con todos”.

En fin, querer es poder, y para eso hay que despertar, pero España está dormida.



miércoles, 9 de julio de 2014

DE LA INCOHERENCIA

Anda Nora husmeando en viejos libros; algunos, tanto ya, que sus páginas amarillean y a punto están de caer como hojas de otoño. Tal vez valga la pena buscarles sustituto en alguna nueva edición; pero estas son tan entrañables, tan bien cuidadas, tan bien traducidas, tan manejables, tan hechas para leer… Se refiere Nora a la ya veterana colección Austral, que tienen difícil sustitución. Colecciones de bolsillo hay muchas pero como esta…
 Pero lo que más asombra a Nora es la brillantez de las ideas viejas, que de tan buenas, de tan lúcidas, siguen siendo válidas a día de hoy aunque fueran escritas en siglos anteriores. No solamente válidas, sino que parecen escritas para hoy mismo. Parece mentira lo poco que cambiamos los humanos en lo sustancial.
Todo esto fue a propósito de esas conversaciones que Nora y yo tenemos por los paseos a lo largo de la costa, entre calas recónditas, vistas al mar, aire fresco y húmedo y horizontes lejanos, como la clásica película del Oeste. Aunque sólo el horizonte nos acerca al film de Anthony Mann, lo que a nosotros nos gusta es repetir la vieja escuela de los filósofos griegos, como Aristóteles,  que mientras paseaba con sus discípulos les enseñaba «las cosas de la vida». Ni que decir tiene que Aristóteles es ella. Yo asomo la cabeza a su mundo interior como discípulo no muy aplicado, por cierto, porque soy humano y por tanto defectuoso.
En esta ocasión Nora hace una reflexión sobre la «coherencia». Le explico yo el significado que le da la RAE: Relación lógica entre dos cosas o entre las partes o elementos de algo de modo que no se produce contradicción ni oposición entre ellas. Buena la hice, porque se confirmó en su análisis. Porque el caso es que ella anda buscando el origen de nuestra incoherencia, de por qué somos así y a pesar de los avances tecnológicos y tantos inventos provechosos para la humanidad, seguimos teniendo dos almas diferentes en permanente lucha.
Bucea Nora en las fuentes de nuestra cultura y encuentra una incoherencia absoluta ya en lo religioso.
«Si tenemos en cuenta —me dice— que la religión nace con el hombre, y es algo tan viejo que os ha acompañado desde vuestro origen, no es de extrañar que os haya influido en la forma de ser. Por ejemplo, cuenta Voltaire en su ‘Tratado sobre la Tolerancia’, cómo las religiones del libro (judía, cristiana e islámica) han rivalizado entre sí durante siglos, persiguiéndose a muerte si fuere preciso, descalificándose mutuamente y negando cada una de ellas la validez de las otras, teniendo las tres unos personajes comunes en muchos aspectos, reconocidos por su bondad o sabiduría por ellas. De cómo a lo largo de la historia se han negado, perseguido, expulsado, etc. Pero no solamente las religiones del libro, sino las distintas derivaciones o sectas dentro de una misma religión.
Cuenta Voltaire como los Jesuitas fueron expulsados de China, no por la intolerancia del emperador, sino por la intolerancia de los jesuitas, que venían dispuestos a barrer todo y hacer juego nuevo en las creencias, en una cultura milenaria como la China. Todo lo vuestro es malo. Solo lo mío es lo bueno, lo auténtico, lo mejor. La verdad. 
Incluso del Japón, que ya contaba con varias religiones en el país que coexistían sin ningún problema desde hacía siglos, fueron expulsados porque los jesuitas, capuchinos y otras órdenes andaban entre ellos a la greña para afirmarse sobre todos las demás. Ni que decir tiene de las persecuciones, los apaños con el poder para repartírselo, las inquisiciones, las hogueras, torturas, el poder sobre la mente, la vida y la cultura de las gentes desde la cuna hasta la sepultura… Todo esto en religiones que hablan del amor, la caridad, el perdón… 
Como decía mi madre, Nora: Jesús, Jesús, por qué nos has abandonado. O mejor dicho, por qué nos dejaste en manos de esta gente. Es comprensible que muchos entiendan que el infierno lo han vivido aquí.
No es de extrañar pues que esto haya creado escuela y que también los políticos que hablan de opresores y oprimidos, de ricos y pobres, de injusticias y demás, sean los que roban, los que manejan, los que mienten, los que estafan, los que engañan… Nada nuevo hay bajo el sol. Los políticos tienen mucho por lo que pedir perdón, pero las religiones, las tres famosas, también. Cuánta gente ha sufrido y ha muerto por ellas, cuánto padecer en nombre de Dios, cuántos retrocesos en los avances científicos entorpecidos por sus egoísmos e interesadas maneras de ver el mundo para que nadie ni nada se les escape…  El Dios del amor, de la paz, de la ayuda al prójimo, de la caridad, aquello de dar de beber al sediento, posada al peregrino, vestir al desnudo etc. etc.… ¿Dónde quedó todo eso?
Las religiones tienen que hacérselo ver. Tienen que examinarse, pedir perdón por las barbaridades en nombre de dios y reestructurarse en torno a un dios creador, pleno de amor a la humanidad. Del amor solo sale amor. No hay más. Ni envidas, ni rencores, ni ánimo de dominación, ni mentiras, ni torturas, ni excomuniones, ni estafas, ni opresiones…  Ni…  Sólo Amor. Y el amor es  amar al  prójimo como a ti mismo. Aquello tan viejo de si no quieres que te hagan esto, tampoco tú lo hagas a los demás.
Es lógico que haya hoy muchas personas que renieguen de las creencias religiosas, de la religión más bien, que es la forma humana de encauzar, organizar el sentimiento religioso o creencia en dios. Cada vez se cree menos por la sencilla razón de que la creencia no se sustenta en coherencias. ¿Cómo puede alguien que odia a otro, bajo las formas de odio habituales que son la avaricia, el robo, el engaño, etc. decirme que su dios es el verdadero? Qué disparate tan grande. Por eso cada día más hay gente que busca su propio camino entre él y dios, y no acepta intermediarios. Ninguno. El papa Francisco va por buen camino, pero es tan grande  la tarea, tanto lo  que hay que hacer, que si los futuros papas no cogen ese mismo camino, volverá a torcerse la cuestión. Me viene a la memoria ese “príncipe de la Iglesia que gastó millones en arreglar su ático de 300 metros cuadrados en Roma”, habiendo romanos y ciudadanos del mundo que no tienen ni para comer.  Un paseíto por las «favelas» brasileñas le iría bien. Y aún mejor que viviese allí y dedicase su vida a los que necesitan el amor olvidado del mundo.
No es de extrañar que la política copie de las religiones y traten de convertirse en su funcionamiento, en religiones laicas, que lo único que pretenden es la dominación de sus ideas, con todas sus diarias y evidentes incoherencias. Al final, como decía Ortega, los políticos han creado al hombre masa, que sin cabeza ni pies, se ha dejado transformar para satisfacer las necesidades de ordenar el mundo a su antojo. Y del hombre masa, por la propia evolución e interés de la ideología política, hemos pasado al hombre vulgar, ese otro incoherente pero satisfecho de sí mismo, gozosamente inculto, que da por bueno y completo su haber moral e intelectual. Nada menos.
Quien no tenga coherencia que no la pida. Pero hace falta señores. Tan necesaria como el comer, o acabaremos todos como esa forma deficiente de ser hombres: los niños mimados, que creen que son los reyes del mundo y todo y todos están a su disposición cuando quieran y como quieran.
O por el contrario, como decía aquel capitán de barco en la película de Horizontes Lejanos”: nunca debimos abandonar el Mississippi.



domingo, 29 de junio de 2014

LA IRRESISTIBLE ATRACCIÓN DEL MAL


Caminando a orillas del mar, no sé por qué a Nora le vienen las ganas de saber y filosofar, a vueltas con los temas de siempre. Nora no acaba de comprender la gran capacidad humana de revolver todo para comenzar una y otra vez, volviendo siempre al principio. Hoy le ha tocado al tema del mal. Y es que llevamos en la Tierra mucho tiempo, pero a pesar de todo, en lo sustancial, seguimos manteniendo aquello que mejor nos define: nuestra ilimitada capacidad para el mal. La pobre no se da cuenta de que la irresistible atracción por el mal es superior, en mucho, a la atracción por el bien. Cosas del ADN.
Le cuento que acabo de ver un interesante programa sobre creadores de videojuegos en Japón, verdadero paraíso del asunto. Explicaba el joven creativo oriental sobre la enorme calidad de los videojuegos actuales, y en el que él había creado, valoraba positivamente la capacidad de interactuar con otros, de tal forma que los personajes del juego, dirigidos por los humanos,  pudieran tocarse, chocar, “sentirse”. El videojuego estaba pensado y creado para transmitir la felicidad dentro de una especie de paisaje idílico, donde los personajes se movían casi como volando, como un cuento de hadas. Todo muy bonito. Pensado para vivir en un mundo feliz un rato. Pero resulta que esa capacidad de tocarse de la que se había procurado a los personajes, dirigidos por los humanos que participan en el juego, y que servía para relacionarse entre ellos en el buen sentido, fue aprovechado en la primera ocasión para “empujar” por “precipicios” localizados en el paisaje del juego, a los otros personajes. Es decir, que lo que estaba pensado para el bien fue transformado por la irresistible atracción del mal. Y además, con esa acción, cambió todo el pensamiento del juego en los otros participantes, de tal forma que ya no fue lo que sus creadores habían pensado que fuera. Fue para ellos una enorme sorpresa y se dieron cuenta del por qué triunfan los juegos donde se mata continuamente a otros, a dragones, a bestias de otros mundos; o luchan a muerte sin sentir ningún tipo de impresión. Contaban luego del aburrimiento de otro creador de juegos clásicos, en que siempre consistía en luchar, luchar, luchar, matar a mansalva a multitud de supuestos enemigos. Decía el pobre que siempre era lo mismo, que su trabajo era aburrido aunque el personaje fuera diferente. El éxito estaba siempre asegurado.
El videojuego era sin duda una representación  de la historia de la creación que se narra en la Biblia u otros libros del mismo carácter. Y nos lleva a la conclusión de que es la condición humana quien revienta los planes del supuesto creador para el bien y transforma la historia en una lucha permanente entre el bien y el mal. La eterna lucha. Lo que pasa es que cuando gana el mal, la catástrofe es inmensa. Entre la primera y segunda guerra mundial, por ejemplo, no sé cuántos cientos de millones de personas murieron y sufrieron horrores por su causa. Cuando se dicen estas cifras y se añade la palabra “horror”, hay que pensar. Una cosa es morir, que es cosa natural, y otra cosa es morir con  sufrimiento, con largas y penosas agonías donde el horror se queda dibujado en la cara del muerto. Es para pensar.
¿De dónde le vendrá al ser humano esa necesidad del mal, esa satisfacción por la muerte o el padecimiento ajeno, o en el mejor de los casos, esa impasibilidad ante la muerte y el dolor? El dominio, el poder, el egoísmo, son los auténticos males que llevamos dentro y motor, demasiadas veces, de la historia.
A veces estudiamos la historia hablando y contando alabanzas de supuestos líderes históricos. Contamos sus conquistas, sus triunfos, su ley y orden e incluso alabamos los avances que trajeron a este u otro sitio. El Derecho Romano. La Pax Romana. El código de tal o cual… Así estudiamos con admiración a  Alejandro Magno, Julio Cesar, Napoleón… y mil más. Sería sorprendente saber cuánto de protagonismo personal, de necesidad de poder, de desaforado egoísmo, de egolatría y tantas otras cosas habría en esos líderes que influyeron en otros con estos mismos elementos de la psiquis humana, arrastrando en cadena a otros muchos bajo sus órdenes y llevando a sus naciones, y a otras, a guerras crueles sin número, con la muerte de millones de personas que entregaron sus vidas por la “causa” o el “líder”. Me vienen a la memoria los kamikazes japoneses que se suicidaban en nombre del emperador. Pero puede haber miles de ejemplos más a lo largo de toda la historia.
Y os llamáis inteligentes —dice Nora.
La verdad es que da un poco de vergüenza admitir que somos un poco… no sé qué decir sin herir a la humanidad.
Todo esto, en menor o mayor grado se da todos los días. Incluso aquellos que lo padecen, en su momento, pueden convertirse en dictadores sin escrúpulos. Porque nos quejamos cuando nos pisan, pero no cuando pisamos. Las palabras mágicas: gracias, perdón, por favor, desaparecieron de nuestra cultura hace tiempo. Recuerda que esta mañana hemos visto a un  niño en edad de preescolar, dándole órdenes a su abuela de forma más que autoritaria, para asombro de su cariñosa abuela, que ha quedado la pobre malamente sorprendida.
Hay algo que falla aquí.
Y se empieza por pequeñas cosas. El intransigente, el violento física o verbalmente con sus cercanos, los que aprovechan el cargo para enriquecerse, los que estafan o engañan… Todo eso son formas de violencia contra los demás. No son espectaculares, quizá no produzcan muertos, pero… quien no tiene principios… no tiene principios, y esto es hoy y mañana otra cosa más. Más grande, claro.
Los líderes políticos, sindicales o religiosos tienen gran peligro porque son los sumos sacerdotes de su propia religión y mueven masas. La masa, como pensaba Ortega, se mueve por interés (agitar las masas, o como decía Zapatero a Gabilondo: “ahora lo que nos interesa es crispar) o por ignorancia, sin olvidar a los ingenuos, que de todo hay. Habría que estudiar cuánto de empeño personal tienen determinadas campañas. Empeño personal que maneja y usa para su propio fin haciendo partícipes a otros pequeños dictadorzuelos, y la suma de todos ellos, más el poder de los medios de comunicación… pueden y hacen estragos en la sociedad. Todos lo hemos vivido y lo vivimos cada día. Terrorismo, nacionalismo y muchos otros “ismos” son el camino elegido por los ególatras para alcanzar sus objetivos. Y detrás de esas banderas, miles o millones de personas convencidas de la bondad del asunto. En la Alemania nazi o la Italia fascista la gente se volcó materialmente en sus líderes, convencidos de la bondad y justicia de sus propósitos. Y pasó lo que pasó. Hoy lo vemos en España en los llamados “líderes emergentes”, que aprovechan el malestar económico, la corrupción y la decadencia política.
¿Tú no dijiste una vez que la sabiduría no es posible más que en la bondad?
Sí. Creo que sí.
Entonces…
Entonces Nora, debemos admitir que somos muy listos pero no sabios. El camino hacia la sabiduría es largo, muy largo. Por lo visto ser sabio no consiste tanto en saber más como en procurar que el mundo no sufra por tu causa. Y cuando digo el mundo, digo el Mundo. Todo él. La vida toda.
Yo veo ahí un asunto casi religioso.
Quien sabe. Sobre Dios, o los dioses, se habla mucho pero no se sabe nada. Es y será siempre un misterio. Pero incluso la idea de dios está manejada por intereses. Recuerda las guerras de religión. Cuántas guerras, cuánto sufrimiento, cuanto horror se ha producido en nombre de Dios. Cualquier Dios. Y Dios, sea el que sea, se preguntará: ¿y cuándo dije yo esto? Y lo mismo con la Libertad. A los ególatras enfermos e insensibles les gusta poner de bandera las ideas que susciten una pronta, grande y férrea adhesión, que provoquen un fuerte revulsivo en las gentes. Afortunadamente nadie ha hecho una guerra por el Amor. Qué cosas.
Vaya disparate.
Así es. Pero sucedió y sucede. Y detrás de esas falsas ideas de dios están los protagonismos vergonzosos a los que aludía antes. Y volvemos a dar la vuelta a la rueda para quedar como al principio.
— ¿Y no hay forma de salir de ese círculo vicioso?
Después de decenas de miles de años… lo dudo. Parece que es nuestro signo de identidad. ¿Te imaginas, con estos mimbres, descubrir un planeta con seres como nosotros pero menos evolucionados tecnológicamente? ¿Qué haríamos con ellos? No quiero ni pensarlo. Pobrecillos.
La única esperanza, larga en el tiempo, pero más segura para modificar este patrón ancestral es la educación, Nora. Los seres humanos andamos con la educación de forma poco sería. Se nos antoja algo que debe servir a no sé qué oscuras causas. Todo lo que  no sea educación para el respeto de la vida es coña marinera. Cuando se habla de educación se han de poner muy altas las miras, muy lejos en el tiempo, y trabajar incansables para modificar la conducta humana hasta que aparezca en el ADN. Todo, absolutamente todo, es una monumental nadería ante el asunto del respeto por la vida ajena. Y con la vida, todo lo que le es propio: las costumbres, la cultura… Los humanos somos diferentes en chorradas étnicas y culturales. Pero todos y cada uno somos un milagro exclusivo en el Universo, con derecho propio por ser único y por tanto a existir; y nadie, absolutamente nadie ni ninguna idea o causa, justifica que esa vida singular e irrepetible se sacrifique en nombre de nada. De nada. No hay bandera, principio, filosofía o dios, que merezca el sacrificio de una vida, aunque sea solo una, vida humana.
Ni de las otras.
Ni de las otras.
Cuando los seres humanos convirtamos la irresistible atracción por el mal en otra igual por el bien, en ese momento la humanidad habrá llegado a su punto más alto de evolución. Entonces sí seremos sabios. Entre tanto nos arrastramos como seres inferiores sumidas en la avaricia, el egoísmo, el ansia de poder…
Hace un viento caliente proveniente del sur. El mar está calmo y hace calor, pero la brisa, aunque cálida, contribuye a suavizar la temperatura y hacer algo más agradable el paseo. El mar, qué grande, qué inmenso, que característica única de nuestro mundo, ese planeta acogedor, esa maravilla azul en la enormidad del espacio. Qué gran escenario para grandes seres.



miércoles, 11 de junio de 2014

ABUELEANDO

Nació, nació, nació.  Julia VI ha nacido después de una tensa espera, en que no pensaba tanto en el fruto de su vientre como en mi propia hija, a la que quiero tanto. Como su madre y hermanas, faltaría más. Pero nació al fin después de la espera, y una excitante risilla de placer nos corrió el cuerpo a todos cuando supimos que la cosa había ido bien y que madre e hija estaban  ya juntas en el fin del parto. Madre e hijas juntas. Todas las palabras toman ahora otra trascendencia, tienen otro tacto
Los hijos y los nietos, lo dicen todos los que han pasado por la experiencia, son dos amores diferentes. Si el primero tiene la trascendencia y emoción de  crear un ser nuevo en el que te reflejas, el segundo tiene la calma del goce sereno, sin estrés, sin agobios, sin estridencias. Es un goce lleno de ternura, que te llena de paz, de amor sin problemas. Son los padres los que apencan con lo que come, lo que duerme, lo que les duela… Los abuelos abrazan a los nietos con la emoción del que se ve a sí mismo a través de ellos,  como desde fuera, y comprende, valora y contempla el hermoso milagro de la vida más allá de su existencia. Que el árbol dé fruto, y que esos frutos lo vuelvan a dar es una relajante manera de gozar la perpetuidad de la vida más allá de la urgencia.
¿A quién se le parece? Parece que los ojos son del padre. Pues la cara, la  boca y la nariz son de la madre. Mira las cejas, igualitas que no sé quién y la boquita como no sé cuantos…
Lo cierto es que es una persona enteramente nueva. Corazón nuevo, cara nueva, orejas  nuevas, deditos nuevos, cabeza nueva, pulmones nuevos... Y da verdadero placer contemplar con serenidad, tanta perfección, tal derroche de líneas y proporciones siempre tan bellas. ¡Qué delineantes tiene la vida! ¡Qué dibujos tan preciosos la existencia!
Pero nosotros todos, vemos más con las manos que con los ojos. Démonos cuenta que cuando nos enseñan algo decimos… “a ver…” y  alargamos la mano para cogerlo, tocarlo, comprobar su peso, sus formas, su temperatura, su contundencia. Vemos con todos los sentidos, así que cuando realmente vemos a los hijos, o a los nietos, o a los que amamos, es cuando les abrazamos, o los acogemos, o los sostenemos en brazos, y sentimos la redondez de su cuerpo, su respirar tranquilo, la longitud de sus piernas, el peso de su cuerpo, la suave textura de su piel, el color de sus ojos, de su pelo, la redondez de su cara, la perfección de sus orejas, las verdadera realidad de su trazo. Es entonces cuando hay que sentarse en una mecedora, ese gran invento de creador anónimo, recoger a la criatura en los brazos, cómodos ambos, y en suave balanceo, muy relajado, comenzar a transmitirle tu bienvenida a este mundo a través del contacto, del movimiento y del canto.  Si la madre se comunica con la criatura a través de su voz, su olor y mamando, los abuelos podemos experimentar algo parecido con el plácido dormir en una mecedora seguido del leve murmullo de un canto. “Dueeerme, duerme niñiiitoooo, que tu abuelo está cantandooo. Niñitoooo…”
Cuando mecía a mis hijas siempre les cantaba a ritmo de cantos americanos, acompañados de una imaginaria kena y el rítmico tambor que en el culete, suavemente, les aplicaba con mis manos. Y entre tanto, el va y viene de la mecedora, ese invento grande como pocos, que tantos niños ha dormido y tantas siestas nos ha dado.
Cuando la criatura duerme, se siente una satisfacción grande. Le has procurado un momento feliz y necesario, el descanso, y le miras sonriente, complacido en ese acto, y es entonces cuando comprendes la hermosa plenitud del universo creador de mundos, de vidas, de risas y cantos, de ojos alegres, de caricias y abrazos, de besos amorosos, de vida sin espantos. Y por un momento sonríes al creador, y le dices… ahora comprendo, macho, ahora sé por qué dicen que tú lo hiciste, y por qué dicen que nos quieres tanto. Más que padre debes ser abuelo, el que nos mece, nos acuna, nos abraza, nos hace reír, nos da la merienda mientras jugamos…
Si estás ahí, si es cierto que existes, danos fuerzas a todos los abuelos, para que gocemos de este privilegio de la vida todo el tiempo que se pueda, teniendo por seguro que amar es el motivo de la existencia que mejor define a los abuelos humanos. Y ese es a fin de cuentas el mensaje que dicen que dejaste. Así que… sé consecuente, hermano, y procura que haya más abuelos… y abuelas, claro.

Nos nació Julia VI, nos llenará de risas, de besos y abrazos, y sentiremos que la vida ha valido la pena para llegar a este momento, y verlo y saborearlo. Gracias a la vida, que nos ha dado tanto.

martes, 3 de junio de 2014

MI AMIGO PAQUITO


En ciertos momentos oscuros vuelven las viejas canciones a  iluminar los caminos de la vida. En estos días alegres en la espera de la nieta, un amigo emprendió el regreso a las estrellas, de donde todos venimos y a donde volveremos también algún día, ojalá que tarde, ahítos y cansados de disfrutarnos unos de otros y de contemplar la hermosura de la sencillez natural: la salida y puesta del sol, la lluvia, las nubes, el viento, el mar calmo o embravecido… esas cosas naturales de las que cada vez parece que quedan menos, pero que están y que son, junto con los seres queridos, lo más hermoso de la vida. Las estrellas le reclamaron urgente cuando aún nadie estábamos saciados de él y su compañía, su presencia, era todavía regocijo de su familia y amigos, entre los que me encuentro. Mi amigo Paco, Paquito, murió. Justo es decir el enorme vacío que deja en su mujer y nuestra amiga, y en sus hijos. Y  también en nosotros, sus amigos.  Y aquí viene la antigua canción de Alberto Cortez.

Cuando un amigo se va
deja un espacio vacío,
que no puede llenar
la llegada de otro amigo.

 Entre otras cosas porque mi amigo Paquito era único. Su humor, su talante positivo, su fuerza interior para afrontar la vida, su naturaleza deportista y fuerte no fueron suficientes motivos para que las estrellas nos lo dejaran un tiempo más.  Era un fichaje. Su fichaje. Ahora me lo imagino allá, todo de blanco, como su Madrid, tal vez echando un partidillo con los ángeles. De Paquito no me extrañaría en absoluto.

Historias para contar, desde pequeños, hay tantas, como es natural, que en estas horas tristes asoman, para consuelo,  desde el baúl de los recuerdos, donde dormían. Paquito, puro nervio, cogía de vez en cuando tics nerviosos que le acompañaban un tiempo. Y  todos a la vez, los llevaba con la soltura y dignidad en él habituales. Íbamos caminando por la calle y de pronto emitía extraños sonidos guturales, se golpeaba con el canto de la mano el pecho repetidas veces o chocaba un pie con otro. Todo a la vez. Y cuando nos reíamos los demás de aquella manifestación de nerviosos él era el primero en reírse. Era su carácter. Su buena naturaleza le llevaba a reírse de sí mismo con tanta naturalidad que a los demás nos contagiaba su risa. Si nos contaba un chiste, seguramente no podía acabarlo porque comenzaba él a reírse y nosotros, sin enterarnos del chiste, nos reíamos con ganas también de verlo a él partirse de risa.

Mi amigo Paquito era todo un personaje. Aún le veo, junto con su hermano, descargar camiones de Casera, fuertes ambos, él puro nervio. Una caja, y otra, y otra, y otra… Gran trabajador, hijo disciplinado, estuvo siempre al pie del cañón del negocio familiar, como mandan, mandaban, los cánones.

Paquito encontró un día a Maen, su mujer, como el caminante  se encuentra un día una gema en el camino. Desde aquel día se iluminó todo y fue feliz. Y así hasta que su luz se apagó aquí, en la tierra, aunque si se dan ustedes cuenta, en la noche brilla una nueva luz entre las estrellas.
Cuando un amigo se va
se queda un árbol caído
que ya no vuelve a brotar
porque el viento lo ha vencido.

Pero siempre nos quedarán las estrellas, Paquito. Guárdanos sitio, pero no tengas prisa oye, mira que me nace una nieta, y quiero saborear esos ratitos… Que ya vendrán los tiempos de luz en la oscuridad del firmamento, y juntos una vez más, miraremos desde lo alto a los que aquí quedan, afanados en la vida diaria para pena y goce de ellos y satisfacción nuestra.

Descansa en paz, amigo Paquito, relájate, y danos tiempo de espera. Entre tanto vete haciendo una liguilla, que creo que los ángeles andan torpes en estrategias  futboleras, y así te entretienes y los entrenas.

Un abrazo.



lunes, 12 de mayo de 2014

SPAÑA ES EL CULOU D'UROP.PA

Así lo soltó a su marido una rusa, mi querida Nora, en una conversación captada sin querer, porque no se ocultaban, cuando fui a hacer unos trámites al banco. Puesto en la cola frente a la ventanilla de caja, el matrimonio estaba sentado en un banquito muy próximo, y conversaban entre ellos. En ruso, claro. Pero la frase la oí, y la entendí, naturalmente, justo en el momento en que mi turno  llegaba y avanzaba hacia la ventanilla. La señora la quiso decir en ese español particular, no sé si con la intención de que la oyeran. Algo les debió pasar en el banco, o la cosa ya venía de lejos. Imagino que venía de lejos, porque una opinión así no se vierte en un segundo, sino que ha ido llenando el vaso de la paciencia durante un tiempo. Lo primero que pensé es qué nos pasaría a nosotros si dijésemos eso de Rusia, o cualquier otro país estando allí. Solo de pensarlo se me aflojan las piernas. Pero ellos no. Saben que del culo, andamos estreñidos.
Por supuesto que no respondí, Nora.  Ya sabemos todos qué podíamos haberle dicho. Qué hacen ustedes aquí, por ejemplo, en el culo. Etc. etc. Pero vaya para qué. Lo cierto es que a la pareja no les gustaba cómo funcionaba España. Y bueno, a los españoles en general, tampoco. Así que pensándolo bien, la señora no estaba del todo desencaminada, aunque fuera en tono despectivo.
Si con los vergonzosos sueldos de unos en la cosa pública, los blindajes millonarios de otros, de izquierdas y derechas, los robos continuos, las estafas cotidianas y la  violación sistemática de la señora Justicia, antaño tan casta, no me digas que no es para pensar que España es el culo de Europa….
Supongo que ellos lo dirían por algo muy particular, que les afectara a ellos, pero a nosotros, los de aquí, que nos afecta todo, no me digas que no es para decir que sí, que es cierto.
Los periódicos ya dan miedo, cuando no asco, leerlos. No hay momento del día, en que uno eche un vistazo y tenga que cerrarlos porque da repugnancia tanta mierda. El culo. Ya sabes.
Las pocas luces que aparecen son en la sección de opinión de los periodistas serios. No de esos que salen a todas horas en todos los sitios, hablando de todas las cosas. Que ni los oráculos,  ni profetas, ni los siete sabios de Grecia sabían tanto de todo como esos señores, sino los que realmente sopesan cada palabra y cada día entregan a su público lector un análisis, una luz, el razonamiento para entender lo que pasa. No siempre es agradable, porque a veces las cosas son tan reales y claras que uno no tiene mejor que pensar que aquello que decían los creyentes de antes: Jesús, Jesús, por qué nos has abandonado. Pero en cambio, uno va haciéndose las composiciones de lugar y así valorar lo que dicen otros y sopesar el valor de los gestos y palabras en la política y pensar en lo que nos falta por recorrer. Y hay mucho que hacer.
Si tuviéramos buenos líderes, ejemplares líderes, —por ejemplo—, tal vez entenderíamos a alguien que como Churchill en la Segunda Guerra Mundial nos dijera aquello de… «Os pido sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor». Pero cada día nos tropezamos con sinvergüenzas que ganan en un trabajo público, más que el presidente del gobierno, que roban a manos llenas o que crean un entramado para el robo sistemático, o que estafan, o que se pasan las leyes por allá donde sabemos. Por eso no tienen credibilidad y cada día menos.
Y menos mal, como te decía, que todavía hay  periodistas que analizan, con toda lucidez, la cuestión española y así nos dicen que  deberíamos cambiar la economía especulativa, que es la que hemos tenido y tenemos, por la economía productiva. Que es la que absorbe mano de obra y muchas cosas más alrededor suyo. Como Alemania. Pero… nos dice, que eso lleva consigo cambios muy importantes, casi revolucionarios en la sociedad española, tan dada a la subvención y la quietud. Desde la familia primero y la escuela, después, hay que cambiar el chip, y comenzar a ver el trabajo no como un castigo divino sino la ocasión de realizarte como persona. Sea el trabajo que sea. Trabajar no es un castigo, y mi obligación es colaborar al bien común haciendo mi trabajo bien, con responsabilidad y calidad. Pero no todo es cuestión de educación, revolución ya de por sí difícil en un país con tanta demagogia y tan manejado por unos y otros. Luego viene otro cambio, el ver a los emprendedores no como unos ladrones y sinvergüenzas sino como gente que quiere hacer cosas, que les gusta crear, inventar. Que mueven la sociedad y hacen avanzar al mundo. ¿Qué ganan dinero? Naturalmente. Mejor. La envidia es un mal que también hay que erradicar, y no ver la competitividad como algo negativo si se hace con juego limpio. Porque la tal competitividad solo existe en el juego limpio. Así que, papis, profes, ser competitivos no es malo. Es bueno. De lo contrario estaríamos pintando las cavernas todavía. Necesitamos buenos líderes.
Pero aún con todo esto, que ya de por sí es una revolución como pocas, viene lo que también es gordo. Se llama Alemania. Alemania basa su economía en fabricar cosas y vendérnoslas. Sobre todo a los españoles. Ya sabes: frigoríficos, cocinas, coches, motos…  ¿Va a dejar Alemania que España le quite ese puesto hegemónico en Europa? Naturalmente que no. Así que la cosa está negra.
Nosotros confiamos mucho en Europa. Esperamos que Europa nos salve, nos arrastre sin piedad a la salvación. Pero eso es firmar de por vida ser el patio, o el corral de Europa, el culo de Europa, donde los alemanes y otros, vienen solo a tomar el sol y beber vino. Ya saben, el corral. De España no les importa nada más. Y la quieren así, tal cual. Y no es porque no tengamos cultura para dar y vender, y gente preparada y ambiciosa con ganas  de hacer, sino porque nosotros mismos no nos lo creemos. Nos hemos conformado con el sol. Nos gusta ser el corral. Entre los que nos decían que el trabajo es un producto del pecado de los hombres, que  tanto afán en la vida para qué, que para qué quieres atesorar tanto en la tierra si lo que importa es el cielo, a los que nos dicen que el trabajo  es una esclavitud maldita, es ingrato por una causa u otra,   nos han quitado la conciencia de nuestros valores. Y eso es lo que nos falta: conciencia de nosotros como españoles. Entre todos nos la mataron.
Cuando la selección española de fútbol, siempre de las últimas en los campeonatos europeos, mundiales, etc., perdió esa fragilidad, ese miedo escénico y esa pereza mental, fue cuando ganó todo lo que había que ganar. Y nuestros campeones en cualquier deporte, no son ni mejores ni peores pero están seguros de sí y actúan sin complejos. Soy español, dime a qué quieres jugar que te gano. Así era. Con un par. Nunca ponderaremos lo suficiente al seleccionador español que supo hacer esa transformación. Aquello fue una revolución en toda regla, aunque fuera en el fútbol.
¿Quién nos ayudará  a quitarnos los complejos?  ¿Quién a derribar las barreras de la inercia y las opiniones negativas sobre el trabajo, empresarios, esfuerzo, liderazgo,  responsabilidad, etc.? Necesitamos buenos líderes. Tenemos por delante muchas cosas que hacer y la más urgente es que creamos en nosotros mismos. Sin complejos. Y luego, a por los sinvergüenzas y a partir de ahí a levantar de nuevo el edificio con pilares sociales más sólidos. Nada de corral.
Ya lo decía Churchill: «os pido sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor». Entonces tendría sentido.

sábado, 3 de mayo de 2014

EN MAYO LLEGÓ LA NAVIDAD

          




Tú no puedes verles, Nora, porque no aprendiste a convivir con gatitos, pero son cinco preciosidades, a veces como cinco cerditos, a veces como cinco tigrecillos, pero siempre como cinco ternuras. Con los ojos apretadamente cerrados, como no queriendo ver, como no queriendo contagiarse de lo que inevitablemente se contagiarán, la mala leche de todos los demás.
No se puede ver a un gatito recién nacido sin que a uno se le esponje el corazón y se plantee, de pronto, la dureza de la vida ante unos seres indefensos. Igual que los humanos. Menos mal que a nosotros, esos que tú llamas humanos y que a veces creo que ya no lo somos, de vez en cuando nos nace una inocencia, una sangre limpia, toda virtud y sin mancha, y nos hace recordar que pese a todo, la Vida sigue. Pero la Vida con mayúsculas. Inexplicablemente, pero sigue, insistente y testaruda.
A nosotros, que hemos convertido la vida en una lucha en la que nosotros somos nuestros peores enemigos, a falta de otros; a nosotros que convertimos la vida por el odio, la envidia, el egoísmo y la violencia en el mismo infierno, de vez en cuando nos llega un misterioso regalo lleno de bondad, ternura, sin mancha alguna, que es capaz de hacernos sacar desde dentro —allí donde lo guardamos entre las telarañas del egoísmo, porque no tiene cabida en nuestra vida y en la lucha diaria—, lo mejor de nosotros, cuando los humanos éramos humanos de verdad, es decir, llenos de humanidad. Y cada nacimiento, de bebé humano, de cada cachorrito animal, nos recuerda lo que fuimos, lo que perdimos y lo hp que somos ahora.  Ese cambio sustancial de la humanidad lo cuenta la Biblia, a su manera, en la bonita historia de Adán, Eva y el Paraíso. De cuando perdimos  la inocencia, como los bebés y cachorritos, y convertimos la vida en una batalla por la supervivencia y la dominación. Esa es la historia, lo que  pasa es que está convertida en literatura, pero si se la quitas, lo que queda es esa transformación. Paraíso e infierno estaban aquí, dentro de nosotros. No existen fuera, como espacios reales, ni el infierno ni el paraíso. Son dos estados... ¿del alma? ¿de la evolución? Llámale como quieras, pero son estados bien distintos, como ya sabes.
De modo que menos mal que la vida, a pesar de todo, nos sigue recompensando con una ración enorme de ternura, de bondad, de paciencia, de amor... Es como un permanente recuerdo de lo que fuimos en contraste con lo que somos, y puede que incluso una invitación a volver... si acaso... quizás... tal vez... si tu quisieras…
Nosotros, que estamos empeñados en la destrucción de todo y de todos, recibimos una y otra vez, con santa paciencia de madre, el regalo de una bondad absoluta, para hacernos sentir, para hacernos pensar, para hacernos cambiar. Para que seamos. «Yo soy el que Soy» cuenta la Biblia, a su manera, que decía aquel Jesús. Tal vez lo que quería decir el personaje fuera esto. Ser, en la bondad. Porque en la no bondad, no se es, aunque se está. Pero...
Por cierto. La madre de los cinco gatitos es primeriza. En su primer celo, además. Ya sabes, los gatos gamberros del barrio. La pobre, que era, y en cierto modo lo sigue siendo, gata callejera, no pudo luchar contra aquello y... aquí están los resultados. Pues a pesar de ser mamá por primera vez, que nunca lo había visto, a pesar de su juventud, a pesar de todo, hay que ver qué paciencia, que entrega tan inmensamente amorosa para sus cachorritos. Cuando les recogí en mi terraza, Nora -que por eso tú ahora no puedes venir- les puse una casita en medio de mi jardincillo, a modo del antiguo Edén. Mala copia, por cierto, pero es lo que había. Y yo le alimento y le cuido a ella, y ella hay que ver con qué entrega se dedica a cuidar de sus cachorritos. Ella necesitaba paz, seguridad, intimidad, recogimiento... Yo se lo di y me siento feliz por haberlo hecho. En realidad... ¿quien ayudó a quién?
Cualquier oportunidad de sacar la bondad es eso, una oportunidad para volver al estado inicial, cuando los humanos teníamos humanidad y la vida toda era un paraíso.
Estos días de Mayo, Nora, en casa es Navidad. ¿Comprendes ahora esa fiesta?